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Hay que dejar sitio para el postre

Hay que dejar sitio para el postre

Actualmente, los postres son la parte más vejada de la gastronomía. Así lo demuestran la ingente muchedumbre de inútiles culinarios que tan solo reparan en adquirir algunos postres lácteos de las bandejas de los supermercados cuando no confunden el concepto incluyendo toda suerte de biscuits y caquis con una importante carga de grasas animales o vegetales hidrogenadas que para el caso casi es lo mismo.

Hagamos un ejercicio de razonamiento empírico, al que por cierto personalmente no soy muy dado. La razón primera y última del postre es doble, aliviar el paladar de los sabores consistentes de los platos principales y colaborar en una digestión ya empezada en el momento en que se ingiere. Por tanto, necesitamos básicamente que el postre se componga de alimentos lo más naturales posibles, con su fibra, sus vitaminas y sales minerales. Es muy importante que siempre tengamos un frutero bien surtido, de manera que no solo completemos de manera adecuada nuestras comidas, sino que incluso podamos (ya se que a veces es difícil) aplacar nuestras ansiedades con ellas, en vez que con las galletitas de tal o de cual o metiéndole buenas tajadas al fuet de Olot o al cantimpalo segoviano.

A continuación vamos a incluír algunos postres de elaboración sencilla. Damos por sentado que lo natural y cotidiano es presentar a la mesa ese frutero bien surtido y que cada cual escoja para su platillo el fruto que más le plazca. Los postres más elaborados los reservaremos para los momentos en los que dispongamos de algo de tiempo libre o como no, para esas ocasiones en las que se recibe visita y hay que agasajar a los invitados. (No desaprovechemos la ocasión en demostrar nuestra pericia y arte culinario, y si el cocinero es varón y el invitado es del sexo opuesto, no podrá sino quedar obnubilada ante las diversas “artes” de las que es capaz su candidato, ¡ejem!...).

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